domingo, 16 de mayo de 2010

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Podría escribir sobre mil cosas.

Sobre nosotras y un qué está pasando, dónde están esas Seis.

Podría escribirle a ÉL. Decirle que ni yo sé, que me cuesta no verle en cada lugar y que aún le busco. Aunque nos duela, aunque no sea justo...

Podría decirles a ellos que estoy perdida, que la pequeña no es tan pequeña, que quiere irse y soltarse, pero que tiene miedo de necesitar que la arropen para poder dormir.

Escribiría a Antígona, le diría que me gusta mirarla, que me gusta que la miren, que me gusta decir que es en mi casa donde sueña.

A él, le diría que en Cantabría le veía, que echo de menos al 11.

Para ella escribiría un IN. Esta vez, de INVENCIBLE. Que tiene un corazón que ya ni entiendo. Y que sin ella, yo, simplemente, no.

Escribiría que Gracias. Que quiero un nuevo balón, y una nueva ilusión. Que quiero un futuro, un sitio donde pisar sobre seguro, una BUENA decisión..


Podría escribir mil cosas; pero no. Siempre me quedo contigo, porque a tu lado todo es insignificante, ridículo, casi insultante. Me descolocas. Al mirarte todo lo demás se hace pequeño. Y sé que nunca podré entender cómo sonríes. Cómo te levantas todos las mañanas de la cama. Cómo tienes fuerzas para escribirme mensajes de tiza. Eres lo primero, aunque no quieras, aunque te escondas. Duele, duele mucho. Ella no va a volver, pero de ti nunca se ha ido.

Verte llorar y llorar es lo mismo. Las lágrimas me salen sin querer. Y si no sabes como salir de esta, como seguir sin pararte en el camino, grítanoslo, que hay varias que nos paramos contigo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Errores.

Equivócate. Equivócate una y mil veces. Anda por el camino que no te lleva donde quieres llegar. Corre por ese camino. Pero corre sintiendo, sintiendo siempre. Y ya te darás cuenta de que por ahí no vas a ninguna parte. Y cuando lo hagas, no pierdas ni un minuto. Párate. No hace falta que desandes lo andado. No te arrepientas. No tienes que borrar nada. No quieres borrar nada. Tira la goma y no uses lapiz. Escribe tu vida, y escríbela con tinta, bien fuerte, que nada ni nadie la pueda borrar.

jueves, 7 de enero de 2010

Queridos.

 
Queridos Reyes Magos: este año no sé si he sido buena. No he hecho nada de lo que dije que iba a hacer. No he estudiado más. No me he cuidado, ni he desayunado todos los días. Y no me he ido pronto a la cama.

Queridos Reyes Magos, tampoco he dado todo lo que podía dar. No he dejado el miedo atrás ni he sido valiente. No he dado pasos definitivos ni he tomado decisiones admirables. No he hecho demasiado por la gente que no conozco, ni he hecho algo que vaya a cambiar el mundo. He dado la espalda a problemas. Y no me he salido del rebaño, he sido una oveja más. He hecho caso a las normas aunque no me gustaran. He hecho lo que todo el mundo hace. Y he actuado de la forma que se supone debo actuar. (¿Es eso ser bueno?)

También he aprendido cosas. Eso que decimos los jóvenes de ahora (esta generación horrible) de que en el instituto no se aprende nada es mentira. Sí se aprende. No sé gracias a quien, pero se aprende. Una de las cosas que me han enseñado es que los que tienen el poder pueden hacer lo que quieran, y que tú tienes que aguantar. No sé si tengo que alegrarme por haber aprendido eso...

Queridos Reyes Magos, este año también he aprendido que lo malo no siempre pilla lejos. Que a veces pilla cerca, tan cerca que te roza. Y que da igual. Que nada cambia, que el mundo sigue y tú no puedes bajarte de él. Y que la muerte también está. Y revuelve las tripas.

Queridos Reyes Magos, este año me he dado cuenta de muchas cosas. Entre ellas, de cosas que prefería no saber. Cosas que antes no entendía o no veía. Cosas que duelen. Las relaciones de cuento no son de cuento. Hay odio. Hay un lado oculto feo, muy feo. Y he visto llorar a personas que no sabía que lo hacían. A personas de hierro. A personas que creía perfectas, con relaciones perfectas. Personas seguras que sabían de que iba esto de la vida, que nunca se equivocaban y que hacían todo bien. Pero no. He visto caer al heroe. Y hacerse pequeñito.

Queridos Reyes Magos, creo que me he conocido mejor. Un poquito, no más. Creo que ahora tengo más seguro lo que pienso, pero creo, no sé. Ya voy empezando a saber quién soy, pero aún me queda mucho. Sin embargo sigo sin saber qué quiero. Y a veces quiero sin quererlo. Y lo odio. Y si realmente llego a odiar algo, es porque lo quiero. Mucho.

Queridos Reyes Magos, este año he conocido más de cerca el verbo matar, por pura casualidad. He aprendido que matar no es un disparate para muchos. Que hay millones de personas trabajando en ello, en matar, y en matar cada vez mejor. Y que da igual. Y me he dado cuenta de lo poco que sé. Y de que la gente no sabe lo poco que sabe. Y, si lo sabe, mira para otro lado.

Queridos Reyes Magos, este año he hecho amigos. Amigos, o algo así. Ahora sé que me cruzaré con mucha gente, y que algunos brillarán para mí, como los fuegos. Algunos tendrán ese no sé qué. Y, no sabré por qué, me empezarán a importar. Y dará igual que edad tengan, con quien se relacionen, si los demas quieren que los quiera o si yo quiero quererles o no. Porque los querré de todas formas.


Queridos reyes magos, quiero muchas cosas. Y quiero no quererlas porque está mal. Porque hay que querer poquitas. Pero las quiero.
No las voy a pedir porque la mayoría están de mi mano. Como casi todo. Porque todo depende de uno. Porque Galeano dice que somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, y es verdad. Y es lo que voy a hacer.
Voy a ser lo que haga para cambiar lo que soy.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Valiente, valiente, valiente

No te das cuenta, pero tienes una mirada que calma, que tranquiliza. Una mirada que saca de preocupaciones y mundos difíciles. No ata, todo lo contrario, da alas. Siempre parece decir “adelante con lo que sea, que yo estoy aquí y todo va a ir bien” Por eso busco tus ojos, continuamente.

Ahora quisiera tener yo esa mirada para ti. Que me mires y sepas que todo va a ir bien, tranquilizarte, calmarte…incluso hacerte sonreír.

Al final te lo digo con palabras TODO VA A IR BIEN.
Con la mirada no puedo. Al mirarte siempre me acaba saliendo una mirada de asombro. Asombro porque, no sé como, ahí seguís. A pesar de todo, ahí seguís. Cagadas de miedo, ahí seguís.

Valiente valiente valiente valiente valiente

miércoles, 28 de octubre de 2009

Gigantes.

La vida es bonita, pero es complicada, difícil. A veces, una mierda.
No esperes que nada sea justo, que después de todo haya recompensa. Todo pierde su sentido. No te preguntes qué hiciste mal, porque probablemente no hiciste nada mal.
La vida sigue, da igual lo que grites o hagas o llores. Da igual lo que te esfuerces. Da igual si caíste, si aún no te levantaste. Da igual si ya lo pasaste mal, si no te tocaba otra vez.

¿Por qué a ti? No hay un por qué. Las cosas pasan, sin más. No busques razones, causas… No es un castigo de dios, hace tiempo aprendiste que no existe ese dios.

No te dediques a buscar una explicación razonable, porque no la hay. Te tocó. Es así. Punto. Nadie te va a compadecer, no habrá marcha atrás. Nadie te lo pondrá más fácil. No habrá milagros. No será solo un mal sueño.


Y ahora existen dos opciones:

Están los que sienten que no pueden más, y se rinden. Los que se caen y no tienen fuerzas para levantarse. Los que no encuentran ningún camino para poder seguir. A los que les cuesta sonreír.

Y están los que también sienten que no pueden más, pero no se rinden. Los que no tienen fuerzas para levantarse, pero se levantan. Los que no tienen ningún camino para poder seguir, pero siguen. A estos también les cuesta sonreír, pero nunca dejan de hacerlo. Porque eligieron ser GIGANTES.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Asturias.

  
En la autopista que va hasta Asturias hay un túnel de cinco kilómetros. De pequeñas lo llamábamos “el túnel largo”. Bueno, de pequeñas y ahora. No sé exactamente en que parte del camino está pero para nosotros cuando sales de ese túnel empiezas a estar en Asturias. Mi padre siempre lo ha dicho así; si al salir del túnel llueve, en Asturias lloverá.

Pasad el túnel. Ya está. Verde y gris, como dice mi abuela que son los colores de allí.

Verde porque todo lo es, mires donde mires, huele a verde. Me encanta ese olor, me huele a hogar, fíjate tú. Olor a verde, que es olor a montañas, olor siempre a humedad, humedad asturiana, que no se puede comparar con la de otros lugares. Olor a frío. A dormir con diez mantas encima. A comer patatas recién hechas. A asomarte a la ventana y ver vacas. A ríos turbios. A bable.
Verde.

Y gris, gris por el cielo. Como dijeron cuando el niño nació: “este guaje va a conocer el sol solo en los libros” Son pocas las veces, por eso el día que sale el sol es un día privilegiado, siempre tiene algo de especial lo que es muy deseado.

A veces también gris por quien no está. Oigo hablar de él, cosas buenas, cosas malas. Podría describirle, sí, pero no serían palabras mías. Lo peor de que alguien se vaya es que no hayas podido crearte tus propios recuerdos, que no te haya dado tiempo a guardar detalles suyos para que cuando no esté puedas pintarle.
Gris.

Sin embargo, el nene nació ojos color cielo, cielo despejado, cielo sin nubes.
Si no puedo pintarle, siempre queda imaginarle.
 

viernes, 28 de agosto de 2009

Entra.

     Una vez, no hace mucho, alguien me dijo que yo era alguien muy valiente. Siempre había asociado la valentía a la ausencia de miedo. Así que aquello me descolocó.
Podría decirse que soy una persona bastante miedosa. Miedo a las cosas más bobas, miedos absurdos, miedo al miedo y, sobretodo, miedo a lo que pueda pasar.
Quizá porque esa persona conocía mi gran miedo me llamó valiente. Porque quizá ser valiente no significa no tener miedo, sino tenerlo, tener mucho, pero no dejar que ahogue tus sueños.

Como cuando te encuentras con un cuarto oscuro donde no sabes qué te espera. Puedes elegir otros caminos, pero lo que quieres está en ese cuarto. Ahí dentro andarás a ciegas, siempre temiendo el siguiente paso y si en algún momento quieres salir no encontrarás la salida. Y tiemblas. Pero, temblando, entras.