Una vez, no hace mucho, alguien me dijo que yo era alguien muy valiente. Siempre había asociado la valentía a la ausencia de miedo. Así que aquello me descolocó.
Podría decirse que soy una persona bastante miedosa. Miedo a las cosas más bobas, miedos absurdos, miedo al miedo y, sobretodo, miedo a lo que pueda pasar.
Quizá porque esa persona conocía mi gran miedo me llamó valiente. Porque quizá ser valiente no significa no tener miedo, sino tenerlo, tener mucho, pero no dejar que ahogue tus sueños.
Como cuando te encuentras con un cuarto oscuro donde no sabes qué te espera. Puedes elegir otros caminos, pero lo que quieres está en ese cuarto. Ahí dentro andarás a ciegas, siempre temiendo el siguiente paso y si en algún momento quieres salir no encontrarás la salida. Y tiemblas. Pero, temblando, entras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario